I.2. El conocimiento científico

Una característica del conocimiento personal es la duda metodológica, pues es más saludable comprender las cosas que aprenderlas. Pero, por supuesto, uno se tiene que poner ciertos límites al conocimiento personal, hay cosas que no comprendemos pero que las aceptamos porque son generalmente aceptadas, en este sentido nuestro conocimiento científico personal es más reducido que el general.

Lo que quiero expresar es la distinción entre las creencias generales, aunque sean de carácter científico, y lo que uno piensa, cree o acepta como válido firmemente; tan firmemente que anula la posible contradicción con el conocimiento científico generalmente aceptado.

A lo largo de mi vida de estudiante, en muy pocas ocasiones me surgieron dudas razonables sobre la veracidad o corrección de lo que estaba estudiando cuando la materia formaba parte del conocimiento científico generalmente aceptado.

La primera que recuerdo fue la teoría de la evolución por mutaciones aleatorias de Darwin y la de los genes dominantes y recesivos a que se refieren las Leyes de Mendel. Por suerte, he podido desarrollar de forma estructurada un conjunto de ideas alternativas en línea con mi conocimiento personal y mis reflexiones sobre la vida y exponerlas en el libro de la Teoría General de la Evolución Condicionada de la Vida.

La segunda vez que dudé del conocimiento científico generalmente aceptado, que por sus características está muy relacionada con la anterior, se refiere al supuesto carácter no hereditario de la inteligencia defendido por la doctrina oficial de la psicología y la sociología económica. Yo, por el contrario, siempre he pensado que existe una gran influencia de la herencia genética en la inteligencia por mi educación, experiencia y naturaleza.

También en este segundo caso he podido escribir una cuatrilogía sobre mis conocimientos del pensamiento titulada Teoría Cognitiva Global en el cual se incluye en anexo un trabajo estadístico que, a mi juicio, demuestra de forma científica el carácter fundamentalmente hereditario de la inteligencia relacional o inteligencia en sentido amplio y la propia existencia de una evolución teleológica o finalista.

La relatividad del tiempo de Albert Einstein ha sido la tercera cosa que no me quedó clara cuando la estudié y mucho menos clara cuando, posteriormente, he intentado comprender las explicaciones elementales de otros libros de Física Moderna. El problema no es que no me quede claro, sino que me queda claro que me parece que no saben de lo que están hablando. ¡Perdón por la expresión!

El árbol del conocimiento
Árbol del conocimiento

Al final, además de comprender perfectamente el concepto de relatividad del tiempo de la Física Moderna, no me gusta y me parecen ganas de complicar lo desconocido. Digo problema, porque a mí se me han ocurrido otras ideas que creo que puede ser interesante expresarlas y, lógicamente, socialmente tiene sus riesgos de integridad psíquica por tratarse la física de un área del conocimiento con características muy especiales, aunque hay que tener presente que también la biología, la genética y las neurociencias han avanzado mucho su técnica últimamente.

No obstante, debo reconocer que mis problemas con la relatividad cuando no la comprendía eran mucho más comunes de lo que cabría esperar de una teoría supuestamente basada en el conocimiento científico.

Ya que he hablado de las dudas que me han surgido en la búsqueda del conocimiento personal en mi juventud, no quiero acabar sin mencionar una más, puesto que creo que han sido cuatro las dudas de mayor trascendencia por estar ligadas a conceptos esenciales de nuestra vida como el amor, el tiempo, la evolución, la inteligencia y la herencia.

La última gran duda metodológica se refiere a la famosa expresión del Siglo de oro de la literatura castellana, para mí nunca tuvo sentido el pensar que la literatura castellana posterior fuese inferior. Yo diría que el famoso siglo de oro corresponde a una etapa adolescente y de rápido crecimiento pero no de máximo esplendor.

Dicho de otra forma, espero no quedarme con las ganas de escribir un libro sobre el crecimiento y características principales de los idiomas como sistemas de impulso vital.