II. EL MÉTODO CIENTÍFICO

II.1. ¿Qué es el método científico?

La expresión método científico se utiliza con diferentes significados y, a menudo, se abusa de ella para justificar una determinada posición personal o social con relativo desconocimiento de la complejidad del concepto. Como su propio nombre indica representa la metodología que define y diferencia el conocimiento de la ciencia de otros tipos de conocimientos.

La filosofía de la ciencia crea el método científico para excluir todo aquello que tiene naturaleza subjetiva y, por lo tanto, no es susceptible de formar parte de lo que denomina conocimiento científico. En última instancia, aquello que es aceptado por el sentido común propiamente dicho y, por ello, adquiere carácter de generalmente aceptado por la comunidad científica y la sociedad.

Obviamente no todo el mundo estará de acuerdo con el párrafo anterior, existen corrientes diversas de la filosofía de la ciencia que se derivan, a su vez, de los diferentes conceptos sobre realidad, percepción, teorías, etc.

Por otra parte, sabemos que existen cosas cuya naturaleza es precisamente subjetiva. La aproximación científica a estos elementos es compleja y normalmente se efectúa a través de los métodos científicos menores, diseñados para ramas específicas del saber.

Se trata de aquéllos distintos de los tres métodos básicos (método inductivo, método deductivo y método hipotético-deductivo o de contrastación de hipótesis) que se suelen aplicar a las ciencias naturales (física, química, biología, etc.) en contraposición a las llamadas ciencias humanas (economía, política, etc.). Entre estos métodos podemos citar: hermenéutico, fenomenológico, dialéctico, funcionalismo, estructuralismo, etc.

En realidad, a pesar de recibir la misma denominación de métodos científicos nos estamos refiriendo a cosas no ya diferentes sino situadas en una escala diferente. Paradójicamente, si hablásemos del mundo de la tecnología del transporte, estos gemelos nominativos se referirían en un caso a tipos de piezas elementales como tuercas o tornillos y en otro a tipos de vehículos como motos, coches, camiones, barcos, aviones, cohetes, etc.

En otras palabras, existen tres tipos básicos y los demás son tipos compuestos de los anteriores que intentan definir una estructura compleja y que, por lo tanto, se encuentran en una escala macroscópica respecto a los primeros.

Asimismo, es obvio que el concepto de tiempo va asociado al de la vida, y por extensión al de amor. ¡Pero la existencia del amor no es científica! Tampoco sabemos muy bien qué es eso de la vida. ¿Y qué son los sistemas de impulso vital?

Aquí estamos llegando al problema existencial de ciertas ramas de la ciencia, no quieren o no pueden reconocer que existen la vida y el amor con el correspondiente ejercicio de su libertad. Es como si la libertad fuese el enemigo del conocimiento y de la ciencia, ésta intenta descubrir leyes que expliquen los sucesos y donde no lo consigue impone a su dios particular: la aleatoriedad.

Un prototipo de agnosticismo lo encontramos en Laplace (1749-1827) cuando dice: "Si en un instante determinado conociésemos la situación y la velocidad exactas de todas las partículas del universo, podríamos deducir por cálculos todo lo pasado y lo futuro de él". Para mí, esta afirmación necesita un acto de fe mayor que la contraria; sencillamente porque aunque la libertad no sea muy científica la siento en mi interior.

A lo mejor, va siendo hora de cambiar y perfeccionar el concepto mismo de ciencia. No por ser muy ortodoxo o rígido teóricamente se consiguen mejores resultados prácticos; frecuentemente, la relación es inversa cuando se sobrepasa determinado límite.