II.4.b) Eficiencia del cerebro y los ordenadores

Esta característica es fácilmente observable tanto en la inteligencia como en la memoria. La primera se apoya en la segunda para no repetir innecesariamente multitud de operaciones, llegando incluso a la formación de lo que podemos denominar subprogramas de actuación automática, como las respuestas predefinidas a diferentes situaciones cuando se está conduciendo.

Podríamos pensar que casi la mitad de la memoria se dedica a guardar información de relaciones de apoyo directo a la inteligencia, con independencia de que la propia información de las percepciones se encuentre almacenada de acuerdo con un sistema múltiple de referencias.

Asimismo, la memoria o mejor dicho el gestor de la memoria, intentará guardar solo la información que considere relevante, que no exista ya o guardarla junto a una información similar de forma que únicamente añada un nuevo matiz a la existente. Más adelante volveremos sobre este tema al hablar de los tipos de memoria.

II.4.c) Procesos cognitivos

Es posible que el pensamiento consciente no sea único, es decir, que no todo él está siguiendo la misma línea argumental, puede haber dos o más simultáneamente; es más, yo diría que casi siempre hay dos por lo menos. Sería como la existencia de un pensamiento no totalmente inconsciente aunque sí en segundo plano.

Este hecho no se debe confundir con las situaciones en que estamos pensando dos cosas a la vez, en este caso, las dos cosas se encontrarían en el primer plano del pensamiento.

Por un lado, se estarían aprovechando las capacidades cognitivas, incluyendo los recursos ociosos, del sistema y, por otro lado, siempre tendremos una idea en la cabeza cuando decidimos dejar de pensar en algo o hemos conseguido nuestro objetivo con un razonamiento.

Cuando se queda la mente en blanco, se puede deber a que se acaban los dos pensamientos simultáneos a la vez, aunque normalmente yo creo que es por haber intentado volver hacia atrás en la secuencia del pensamiento y no siempre es fácil o factible.

Que los ordenadores ya hacen algo parecido y que cada vez se van complicando más en este aspecto no necesita mayor explicación.

II.4.d) Mantenimiento de la capacidad intelectual

Dada la complejidad del sistema intelectual de nuestro cerebro y la necesidad de mantener una operatividad óptima con relación a los horizontes temporales de la información, el sistema necesita reestructurarse a diario. Esta función de limpieza se realiza principalmente durante el tiempo que estamos dormidos.

Los Angeles - Skyline(Imagen de dominio público)
Los Angeles - Skyline

Quizás la razón fundamental por la que necesitamos estar dormidos sea que la memoria de trabajo y la capacidad relacional están liberadas de multitud de tareas y que, para un aprovechamiento de la experiencia diaria y su análisis de cara a su posible memorización se necesitan las dos capacidades citadas con una gran potencia disponible.

Los sueños, en gran medida, representan el trabajo que lleva a cabo el gestor de la memoria a la hora de archivar ciertos datos. Cuando no sabe muy bien que hacer, por carecer de información suficiente, recrea una situación e intenta forzar a la inteligencia a decidirse, esta decisión afectará a la forma de memorizar la información. De esta forma conseguirá limpiar la memoria a corto plazo y no perder información considerada importante o verse obligado a guardar provisionalmente toda la información relativa al tema concreto.

En temas complejos, donde la inteligencia no acaba de ofrecer una decisión clara, el sueño puede ser recurrente. Seguramente el tema es importante y de la solución adoptada dependerá la grabación en lugares diferentes de la memoria de mucha otra información, o afectará a la configuración de una de las dimensiones sobre la que se asientas multitud de referencias.

El grado de dificultad de algunos problemas relacionales puede ser tan grande que, en determinadas momentos la solución más rápida a un problema es olvidarlo e intentarlo más tarde, sobre todo después de dormir. Cualquier programador experimentado sabe que, ante un problema elemental que parece irresoluble, siempre hay que comprobar la opción de apagar el ordenador e intentarlo de nuevo.

La explicación se encuentra en que en el primer caso, después de dormir se ha limpiado la memoria a corto plazo y al analizar el problema de nuevo se cargará todo lo relacionado y de acuerdo con las prioridades o importancia de cada elemento, lo que permitirá que el análisis se simplifique notablemente.

En el caso de los ordenadores, después de apagarlo y encenderlo, todas los programas y variables en memoria han desaparecido y solo se cargarán los programas y variables necesarios, asegurándonos el tener memoria libre y sin que ninguna de las variables pueda tener valores erróneos que se hubiesen podido generar en las múltiples pruebas que efectúa un programador en el desarrollo de sus programas.

Otro ejemplo, aunque distinto, es el del ojo humano. Éste se adapta mejor a cambios bruscos en la luminosidad abriendo y cerrando los párpados que de ninguna otra forma; es decir, reinicializando el sistema. Esto último es importante para aquéllos que conducen largos períodos de tiempo durante la noche. La luz de los coches que circulan en sentido contrario y los que nos adelantan, provocan cambios bruscos en la luminosidad que cansan al ojo.

Sin embargo, es muy curioso comprobar que, si ante cada cambio brusco de luminosidad, se parpadea justo en el momento del cambio, la fatiga del ojo y la molestia que se padece se reducen a la tercera parte o menos. Esto quiere decir que existen mecanismos de ajuste de la luminosidad que están optimizados para efectuarse partiendo de la oscuridad y que no fatigan al ojo, siendo, por tanto, más eficaces cuando se dan las circunstancias apropiadas.