5. La metáfora del semáforo

A pesar de todas las reflexiones de los puntos anteriores, es posible que no haya explicado con la claridad deseada los diferentes conceptos de inteligencia y sus características principales. En este sentido, creo que existe una dificultad terminológica por la propia naturaleza del lenguaje.

En consecuencia, voy a establecer una relación entre el funcionamiento de nuestro cerebro y sus diferentes partes con el mundo de los automóviles, intentando buscar paralelismos que ayuden a diferenciar los conceptos con precisión y sencillez.

Conviene tener en cuenta que bastantes personas, supongo que por razones emocionales, cuando utilizan la palabra inteligencia, lo hacen como el equivalente a la infraestructura de carreteras del Estado junto a la tecnología internacional de la industria automovilística más alguna cosa rara por si acaso se les entiende algo. ¡Su premisa inicial era que no se sabe a ciencia cierta lo que es inteligencia!

La idea es poner un ejemplo para aclarar lo que se quiere decir, no para demostrar que lo que se dice es cierto. Ahora bien, es posible que al entender mejor las ideas exista una tendencia a comprenderlas y aceptarlas como ciertas o muy posibles.

Analizando el concepto de automóvil se puede comprobar el grado de complejidad conceptual y derivaciones que se nos pueden presentar. Seguramente, valdría cualquier sistema de impulso vital, pero el de los automóviles es muy gráfico y conocido por todos.

 

5.a) Partes del automóvil

Un automóvil no es lo mismo que un coche, ni que un tren, un camión, un barco, un avión, etc. Es decir, su significado es más complejo que el puramente literal "algo que se mueve a sí mismo" y, aunque todos sabemos lo que es un automóvil, su definición no es sencilla. De igual forma, inteligencia no es memoria, creatividad, habilidad matemática o musical, ni otras habilidades o capacidades intelectuales.

Otro tema, más oscuro que el concepto de automóvil por demandar un paso adicional, es su valoración a efectos de poder efectuar comparaciones entre los distintos automóviles, modelos y marcas; en definitiva, la bondad o medida de la capacidad y eficacia de un determinado automóvil. Una aproximación sería la velocidad media que consigue, pero la velocidad es más un efecto final que una capacidad.

Todavía más peliagudo se nos pone el tema si suponemos que no podemos ver el automóvil, que solo podemos observar sus efectos, es decir, personas o cosas son trasladadas de un lugar a otro en un cierto tiempo y con cierta comodidad, seguridad, etc.

  • Automóvil relacional.

    Una solución para identificar el concepto de automóvil es la de recurrir a todas sus partes; si conseguimos determinar todos sus elementos, en teoría, podríamos llegar a precisar el concepto referido al conjunto de dichas partes.

    Así, como partes del automóvil más conocidas tenemos que el motor, las ruedas, los frenos y las ventanas. Estas partes del coche están incluidas en el concepto de automóvil; bueno las tres primeras sí pero las ventanas no son necesarias, existen coches que no tienen ventanas. (En ocasiones, utilizaré coche y vehículo por comodidad y variedad expositiva).

    Aunque este concepto de conjunto de las partes de un automóvil sea importante y nos ayude a comprender sus características no parece que sea muy útil para una definición genérica y mucho menos para una estimación de la bondad o medida o valoración de su capacidad.

    Coche de madera
    Coche de madera

    Basta indicar que los frenos cumplen una función técnica importante en los coches pero por sí mismos no pueden realizar la función típica de un coche ni son exclusivos de los coches. Las ruedas y el motor, al menos, se puede mover solos, etc.

    De hecho, hasta los talleres, garajes, aparcamientos, calles y carreteras formarían parte del mundo relacional del automóvil en un sentido amplio.

  • Automóvil condicional.

    Podemos estrechar el círculo al concepto buscado si a un subconjunto de las partes del automóvil relacional le asociamos unas determinadas condiciones de funcionamiento, por ejemplo, que el subconjunto de las partes del coche pueda permitir trasladar personas o cosas de un lugar a otro y con medios propios de propulsión.

    También podríamos asociar distintos modos operativos a un mismo subconjunto de partes del coche y tendríamos automóviles condicionales distintos.

    Ahora empezamos a estar en disposición de observar la bondad de un automóvil particular, por ejemplo de saber cuanto tarda en ir de una ciudad a otra, pero tenemos que tener en cuenta el número de pasajeros, el estado y preparación del conductor, si es de día o de noche, si llueve o no, etc. Como podemos observar, existen multitud de condiciones asociadas al concepto de bondad de un coche o incluso de un determinado subconjunto de partes de un coche.

  • Múltiples automóviles.

    Se puede contemplar la existencia de coches, partes de coches o subconjunto de partes de coche muy diferentes, su potencia del motor, número de plazas, tamaño de coche, de maletero, todo terreno, tracción cinco ruedas, cadenas para nieve, etc. También diversas condiciones como curvas y carriles de la carretera, etc.

    Efectivamente existirán automóviles preparados para determinadas condiciones y muy distintos entre sí, de forma que su comparación resulte muy ardua e incluso artificial o sin significado real.

    Una característica adicional de los automóviles será la de incorporar un alto grado de seguridad a los pasajeros, de otra forma no llegaría a considerarse un vehículo apto para su función.